miércoles, 30 de septiembre de 2009

De plazas ....

Desde que vivo sola y adquirí, bueno me hicieron adquirir, a Tomasita nació una nueva costumbre. La costumbre de dar la vuelta al perro, y a veces más. En la casa de Madre y Padre siempre hubo perros, pero jamás hubo necesidad de pasearlos. Se autopaseaban por el jardín y el garage, y de vez en cuando se escapaban entonces todos putéabamos si era perra porque podía volver acompañada. Por lo demás siempre que el cuadrúpedo se fue, más tarde o más temprano volvió. O bueno, lo pisó un camión como a Firulais, y entonces no volvió más, claro. Pero esa es otra historia.
La cosa es que desde que Tomasita llegó que me levanto todos los días más temprano para llevarla a pasear. Incluso a veces lo hago también a la noche y los fines de semana vamos “de plazas” o al coso ese que es como un “velódromo” o no sé qué.
Entonces el sábado fui con Tomasita a la plaza a que hiciera unos pises y algunas cacas. Y mientras me ponía la joggineta gris y la remera blanca con la camperita roja pensaba que“Cuánto más rápido, mejor” Errores, grandes errores. Hay que dejar que la (s) perra (s) se tome (n) su tiempo, que huela (n), busque (n), sea (n) perseguida (s), coquetee (n) y todo eso.
Llegué a la plaza con la joggineta y el pelo un poco revuelto y empecé a apurar al animal para que se despidiera de la mayor cantidad de amigos del interior que fuera posible. Estaba concentradísima en la tarea hasta que escuché:

Sujeto con yorkshire:- Qué linda perrita!!!
Andre: - Sí, sí … qué sé yo. La levanté de la calle.
Sujeto con yorkshire:- Ahá. ¿Así que encima sos buena?
Andre: - Al menos en la superficie, pero no te creas que tanto tampoco …. (apa! Parece que a la plaza aparte de ir a pasear al perro este tipo viene a tirarlos!)
Sujeto con yorkshire: - No, no, no vos debés ser buena de verdad yo no me equivoco nunca, es mi sexto sentido …. Ahora ¡qué pelo brillante que tiene tu perra!….. ¿con qué champú se lo lavás? ….
Andre:- (¿qué me está preguntando este pibe? ) Mmmm no sé uno que compré en la veterinaria es de color naranja el envase …
Sujeto con yorkshire:- Ah! Bueno … le voy a decir a Richard que lo compre entonces, nuestro bebu se lo merece…… ¿nada más te acordás del shampoo?
Andre:- (¡Ay! ¿pero puedo ser tan pelotuda? El tipo habla de un sexto sentido y pasea un yorkshire … un York shire …perro de minitaaaaaaaaaa!) Esteeeeeeeeeee no, nada más. ¡Ay! pero que tarde que es Me tengo que ir. ¡Chau!

Y seguí caminando con Tomasita que corría como loca y no paraba de investigar árboles. Hasta que de repente levanto la vista y veo a un sujeto con un labrador que nos estaba mirando …..

lunes, 28 de septiembre de 2009

Madre hay una sola ..... (menos mal que sino mirá, no sé)

El otro día fui a lo de la psicoloca. Mi psicoloca no es psicoanalista. Mi piscoloca me habla, me pregunta, me responde, acota, comenta, me reta … en fin es algo más que un potus decorativo de programa de cable. De ninguna manera podría ir a una de ésas que no te dicen nada porque todo lo tenés que buscar en tu interior y blablabla …. Ma’ qué interior ni qué interior….. hablame querés!!! A ver, yo te pago para que me escuchés, sí. Y más viniendo de una flia de cuatro hermanos. A mi me gusta tanto la atención que hasta desembolso por ella, lo sé. Pero igual, ¡HABLÁ QUERÉS!
Así que como todas las semanas fui a terapia, sólo que esa vez fue la primera en la que hablamos de ser solterita con casa. Ya habíamos hablado muchas ocasiones de los miedos que tenía en esto de mudarme. Pero todo había sido previo, todo había sido anterior …. En realidad era la primera vez que venía con un problema concreto, algo que me estaba pasando justo en ese momento….

Andre: - Esteeeee tengo que contarte una cosa, una cosita de nada … pero no sé. Capaz es normal, capaz todas las madres son así, qué sé yo ….
Psicoloca: - A ver, decime. Deja de minimizar y contame qué te pasó
Andre:- Bueno es mi mamá…..
Psicoloca: - Aham …. ¿?
Andre:- Sí, mi mamá que cree que voy a morir asesinada o algo y ella no se va a enterar, no sé. O no sé, creerá que si me quedo en casa de ellos nada malo me pasará. O que mi papá todavía es Superman. O que su casa tiene un escudo superpoderoso contra todos los males , o …
Psicoloca:- Aham, sí… claro. ¿Pero me decís qué pasó?
Andre:- Sí, ¿sabés lo que me dijo el otro día que no la llamé en todo el día, eh? Bueno, además de dejarme 32 mensajes ….

Cri Cri Cri silencio de radio….

Psicoloca: - Y….. no…. ¿Qué te dijo?
Andre:- Me llamo a la mañana siguiente toda enojada diciendo que ella no quería ser como Beatriz Taibo (la actriz esa rubia teñida que trabajaba en la tele cuando éramos chiquitas) que se enteró que el hijo había muerto como cuatro días después cuando la llamaron de la morgue para reconocer el cadáver. ¿A vos te parece que me tiene que decir eso, eh? ¿A vos te parece que yo ya no estoy lo suficientemente angustiada y paranoica, eh? ¿A vos te parece que yo no escucho sufientes ruidos raros a la noche, eh?
Psicoloca:- Aham … ¿y vos que le dijiste?
Andre:- ¿Yo? Nada. Esteee, que yo la llamaba todos los días …. que se quedara tranquila.
Psicoloca:- Aham…. ¿Y nada más?
Andre:- No, nada más.
Psicoloca:- Aham …. Tenés que hablar con tu mamá.
Andre:- (ja! Chocolate por la noticia! ¿Me decís algo que no sepa? O mejor ya sé ¿Me decís algo que quiera escuchar?) Pero es difícil!!!! ¿Cómo le digo que soy grande y que crecí? Que la entiendo y todo eso. Que está bien es mi mamá…. ¿Pero que… le digo que deje de mirar Nuevediario? ¿Le bloqueo Crónica?
Psicoloca:.- Decíselo como te salga ….. pero dejale claro que vos sos grande y que tenés tu casa y tu intimidad (esta es una palabra bien de psicoloca) y que bueno que tiene que entender que….

A veces no sé porqué vengo si es verdad que todas las respuestas están mi interior y que ya sé que tengo que hacer, sólo que no me animo. Igual, esto de alquilar una hora de atención para mi solita me hace tan bien al ego que se me convirtió en vicio…

viernes, 25 de septiembre de 2009

Cosas de Chicas

Y entonces ahí estaba yo el jueves a la noche con el pote y el palito ese, que no sé cómo se llama, lista para apretar los dientes y gritar lo menos posible para evitar que Kevin, el alfeñique, pudiera llegar a elevar alguna queja.
Llegué a casa a eso de las 10 de la noche y estaba cansada, pero tenía que hacerlo. “Una siempre tiene que estar preparada” me había dicho una amiga, que siempre está preparada, una vez. Bueno, el “siempre” puede fallar a veces, nunca me llevé bien con el absoluto. Pero en fin, también tenía la dignidad y algo de vergüenza que alcanzaban para emprender la operación cera.
Agarré el potecito y lo empecé a calentar en la hornalla de la cocina. Ya desde ese momento pude sentir el olor a libertad durante el operativo en el ambiente, además del olor a cera, claro.
The freedom in the air aparecía ya desde el poder calentar el producto en bombacha y remera, actividad que en este tipo de paños no podía llevar adelante en mi otra casa dado que vivía con Padre y con Gustavo y el resto de la flia. Aparte nadie me decía a los gritos pelados frases como “lo que ensuciás, limpiás” u “otra vez calentando esa mierda, nena … ¿no podés hacerlo en otro lado? ¿No ves el olor que deja?” o “¿Cuánto tiempo vas a ocupar el baño, eh?” . Nada de eso. Lo único que escuchaba era la radio y la voz del locutor, que claramente me hablaba a mi “o acaso ¿vos ves alguna otra persona en esta casa a la que pueda estar dirigiéndose? Entonces es obvio que me está hablando a mi” razón por la cual le contestaba sus preguntas y acotaba a sus comentarios mientras revolvía la sustancia que empezaba a cambiar de estado.
Una vez que terminé con el proceso de calentamiento me fui para el baño y me encerré. Por un instante pensé en porqué me estaba encerrando “si vivo sola y están todas las persianas bajas” …. Hasta que el porqué empezó a ladrar. Sí, Tomasita estaba queriéndome morder los talones mientras estaba yo en pelotas esperando que se me seque el ungüento que me había puesto en los sobacos y demás partes para autodilapidarme. Porque claro para emprender la operación cera yo me tengo que poner prácticamente en bolas. La motricidad fina, aunque tampoco la gruesa, ni ninguna otra es lo mío. Así que para evitar enchastramientos menos que deseables ante la falta de lavarropas, “yo mejor me saco todo y me quemo la piel un poco con las gotitas verdes (porque mi cera es de aloe vera, que no sé para qué sirve, pero bueno) que voy chorreando” pensé.
Sin embargo el momento de mayor éxtasis no se hizo presente hasta que salí del baño y fui otra vez a la cocina para recalentar la cera así tal como Dios me trajo al mundo, sólo que con 27 años más …. “Así que no creo que esta frase tenga tanta razón de ser, porque claro entonces no es tan “así como Dios me trajo al mundo”, pensé mientras estaba yendo del baño a la cocina y pasaba por el living. Tuve que hacer este viaje porque claro, no tenía ese hornito para mantener la cera caliente ni nada que se le pareciera. Mi torpe e incipiente femineidad no llega a tanto … Mientras llevaba adelante el proceso de recalentamiento Tomasita seguía, aunque ahora con éxito, mordiéndome los talones. Igual ni me importó porque no sabés lo lindo que es no tener que vestirse toda porque la muy hija de puta de la cera se endureció antes de que terminaras el operativo.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Pautas de convivencia

Bueno, al fin de cuentas siempre estuve en contra de la ley de flexibilidad laboral y si a eso le sumamos el hecho de que en mi familia tenemos un historial en eso de agarrar bichos de la calle … era más que obvio que la cuadrúpeda se iba a quedar conmigo. No tengo las agallas suficientes como para largarla así a su suerte o buscarle otra casa. “Después de todo, esto de tener alguien que te mueva la cola cuando llegás no está tan mal”, pensé.
Entonces la llevé al veterinario, la desparasité, la vacuné y todo eso y la can se convirtió en parte, una parte móvil más que móvil inquieta, del paisaje de mi casa en vías de convertirse en hogar.
Eso sí, ya desde el primer día intenté (vanamente, obvio) pactar con el animal. Así que la llamé, la senté enfrente mío y le comenté como son las pautas de convivencia de la casa:

1- Caca y pis en el patio y/o afuera.
2- La única que duerme en el sommier de dos plazas al pedo soy yo. En la temporada otoño/invierno se le permitirá al gato que juegue a la bolsa de agua caliente para que precisamente me caliente los pies.
3- Las colaciones diarias serán dos. Una cuando me levanto a las 7am, la otra cuando vuelvo de trabajar.
4- Bajo ningún concepto tocarás trapos que no te pertenecen. Mis trapos son míos y no te los presto.
5- Las visitas de perros varones no están permitidas de ninguna manera, a menos que:
A) Un adulto responsable o yo (que no tiene porqué ser la misma cosa) esté presente.
B) Estés castrada. Así que quiero decirte que tendrás que esperar al menos cuatro o cinco meses para que esto suceda.
6- Habrá paseos matinales y/o nocturnos, sí. Pero que conste en actas que los mismos estarán sujetos a la disposición de la paseadora que vengo a ser yo.
7- Los sábados, domingos y feriados los horarios de las comidan serán movidos. Es importante que sepas que ninguna excusa es válida o suficiente para que me despiertes a las 7 am. Excepto que yo me acueste a esa hora porque vaya a saber una qué estuve haciendo.

8- Los únicos objetos susceptibles de ser mordidos, baboseados, escondidos, robados, etc. son los que yo te provea para tal fin. Es decir los huesitos esos que se compran por ahí o las pelotitas, o tus trapos, pero no mucho más.
9- No ladrararás…. Bueno no ladrarás en demasía.
10- Este es el mandamiento movible. Se utilizará para cualquier situación, causa, regla o lo que fuera que quien te cuida considere pertinente y atinado.

Una vez dicho esto, liberé al animal. En realidad ella ya se había liberado hacía rato y yo me limitaba a correrla mientras le explicaba que acá mando yo y que así se hacen las cosas en mi casa …. Y que dejá de morderme los talones la que te parió que no ves que no voy a poder usar pollera. Y dame eso querés que lo vas a romper y es mi remerita preferida. Y bajate de la cama, ¡carajo! Y ni se te ocurra que veo tu intención: si cagás en el living limpiás vos, eh! Yo te avisé. La lavandina está ahí contra la pared.

lunes, 21 de septiembre de 2009

La primera cena

La primera cena, que no fue de inauguración, pero sí la primera cena con gente foránea fue con mis padres. Un domingo a la noche me jugué y como muestra de agradecimiento los agasajé con unos fideos a la bolognesa, que bastante bien me salieron debo decir.
A eso de las 9 de la noche, tocan el timbre. Bueno, está bien golpearon. Timbre todavía no había. Efectivamente eran mis padres. Salgo y les abro. Cuando entran me desconcierto.
Sí, me desconcierto porque una espera que cuando alguien viene a cenar traiga una botella de vino, ponele. Aunque una no tome, para ellos no sé. O un postre. Un kilito de helado nunca viene mal. O un adorno para la casa nueva. O un sacacorchos, o un abrelatas o un juego de compoteras… o lo que fuera excepto, excepto eso que ellos trajeron. Lo que trajeron movía la cola, tenía cuatro patas y era negra con un poquito de blanco. Era chiquita, chiquita. Hacía pis y caca por todos lados. Y encima ladraba.
La cosita insignificantita esa ladraba y bastante.
Al ver a la cuadrúpeda me quedé pasmada……

Andre:- Esteeeeeeee y esto?
Madre:- Ah! Esto es Tomasita, la encontramos en Tomás Yofre. Es para vos, para que te cuide, para que no estés más solita.
Andre:-
Ehhhhhhhhh … pero yo por eso fui a buscar al gato, ¿te acordás que al final me traje el gato de casa?
Madre:- Sí, sí. Pero el gato no te va a cuidar como Tomasita.
Andre:- Sí, está bien. Pero el gato no va a cagar como Tomasita……
Madre:- Ay! pero no ves qué linda es! Y mirá como te mira con esa carita! Y esos ojitos….!
Andre:- Bueno, está bien pasen. Pasen ustedes y Tomasita. Pero está a prueba eh? Esto es como la ley de flexibilidad laboral. Si no me convence la puedo rajar sin problemas, ¿estamos?

viernes, 18 de septiembre de 2009

El primer Super

El primer supermercado es la emoción misma que viaja en changuito. La primera vez que una va al Carrefour es lo más de lo más. Se siente esa libertad de comprar todo lo que se quiere sin reparo alguno. La emoción que por años vivió encerrada en nuestro cuerpo de niña, adolescente, joven que pedía permiso a Madre para meter helado o chocolate en el changuito, o peor aún lo camuflaba entre los otros productos para que cuando se dieran cuenta ya fuera tarde, se hace presente y se muestra sin tapujos. Entonces una adquiere cualquier cosa, lo que sea sin tener que discutir nada con nadie. Si una quiere comprar boludeces llamativas, lo hace. Si una elige comprar por el packaging lo hace también. Si se quieren comprar cosas caras también se puede hacer porque total se compra poquito.
Sin embargo la emoción de carrito puede ser peligrosa. Sí, y el peligro no sólo se nota cuando la cajera te dice lo que gastás sino que la lucecita roja de danger que debió haberse prendido cuando jugabas a la ricachona y metías cosas y cosas en el receptáculo alámbrico con rueditas como si fueras a almacenar comida porque se viene la guerra o como si fueras hormiga y tuvieras que guardar para el invierno, se prende tarde, obvio, cuando una semana después empezás a abrir cada vez menos la heladera porque larga olor a podrido.
Sí, el primer supermercado tiene eso. Cantidad de cosas innecesarias que una compra porque sí, por si se viene el fin del mundo y una tiene que armarse un búnker o algo. Una no prevé que la soltería acompañada de soledad trae muchos “como por ahí” o como menos, o sólo cuando tengo hambre, o sólo lo que quiero. Una compra boludeces y boludeces y boludeces por las dudas, just in case. ¿Me querés decir para qué compré mayonesa, si yo no uso, eh? ¿Acaso tengo pensado hacer vittel toné? ¿Acaso es navidad? ¿O será que tengo un novio imaginario o que aún no conozco al que le gusta el condimento amarillento, eh? No, no, no y no. Y sin embargo yo la mayonesa te la compro, digo en una de ésas cae alguien que no soporta el sándwich (eso sí, fiambre no tengo) sin mayonesa …. Y entonces ¿qué hago? ¿Me querés decir qué hago?

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Mi vecino: No, no creo que sea asesino

Mi vecino es una persona rara. Para empezar es un tipo que nació acá pero tiene nombre de gringo. Y no, no estamos hablando de un pequeñuelo de menos de una decena de edad al que llaman Jonathan Pérez o Richard Valdez. No, no, no. Mi vecino es un alfeñique de unos 40 años que se llama Kevin, y Kevin además de sus cuatro décadas tiene un apellido más argento que el dulce de leche. La primera vez que lo vi fue como un mes después de que me mudé. Sí, se ve que compartimos pasillo pero no horarios. Y todo bien, pero yo no te voy a golpear la puertita para llevarte torta o galletitas como bienvenida. No soy yanqui. Ni esto es un programa de tele. Ni tampoco soy tan amable, para qué mentir.
Nuestro primer encuentro fue un día que hice una especie de fiesta en casa y un par de amigas tocaron el timbre equivocado, es decir el de él. Yo por ese entonces ni timbre tenía aún. Y Kevin les abrió. Esto me llevó a pensar dos cosas: 1) qué buena onda el pibe que le abre a las chicas. 2) Es un desquiciado mental. No sabe quién soy ni cómo me llamo, menos que menos conoce a mis amigas y este tipo ¡le abre la puerta a cualquiera! “¡Pero nene! ¿No sabés cómo está la calle hoy? ¿No ves los noticieros o leés los diarios, eh?” Esto claramente lo pensaría y lo diría mi abuela, claro está. No yo que soy una chica del 2000. Entonces como soy una chica del nuevo milenio me incliné por la primera.
De todas maneras todavía no sé mucho sobre Kevin, el alfeñique. Sólo sé que es tan alto como yo. Así que cualquier cosa creo que de una piña lo siento más yo a él que él a mí. Otra cosa que sé es que tiene horarios raros. Claramente no trabaja en horario de oficina y yo no sé qué hace de su vida. Aparte, tal como diría mi abuela no yo, de ese departamento salen olores raros. Y no, no hablo del churrasco que me inunda el patio de aroma carnívoro, que bueno te lo perdono porque yo de vez en cuando también saco la bifera y lleno la cocina de humo, si no de esos otros olores …… sí, estoy hablando del faaaaaso! O de alguna otra cosa que mi casi inexistente cultura jamaiquina no me permite bien descifrar. Otro elemento que me llama poderosamente la atención es la amplitud de su oído musical. El alfeñique te escucha de todo, de todo. Desde música étnica hasta cumbia. Desde marcha (sí, los sábados a eso de las 12, 1 de la madrugada se le da por hacer el pre - dancing) hasta los Wawancó. Es así el Kevin ….. open minded. Otra cosa que averigüé es que tiene un gato, sí un felino al que pone en penitencia en el pasillo del que no puede escaparse. Es lindo el animal, tiene ojos celestes como el alfeñique.
Bueno, por el momento nada más pude averiguar de Kevin, salvo que una noche le golpeé la puerta porque la luz del pasillo no andaba. Y yo como mujer que vive sola ya había intentado cambiar la bombita y nada. Entonces había que llamar a un electricista. Lo llamé un día a la noche. Me atendieron una ráfaga de olor a churrasco y él. Le comento la situación y se me queda mirando, pensativo:

Kevin: - Sí, habría que llamar a un electricista. Sí yo había notado este problema, un día de estos iba a buscar una bombita y ….
Andre: - Todo bien, ni te molestés. Ya me fijé y no es eso …..
Kevin ( pensando): - Bueeeeeeeeno, yo conozco un electricista que una vez cuando vivía en Moreno me hizo unos trabajos.
Andre: - Ah! Cuando vivías en Moreno ….. ¿y esto fue hace mucho?
Kevin: - Y unos 6 ó 7 años….
Andre: - Bueno, yo también conozco un electricista. Hagamos una cosa, yo llamo al mío, te parece?
Kevin: - Bueno, o mejor ya sé. (piensa) Llamemos a los dos el que lllega primero que haga el trabajo.
Andre (me quiero ir a dormir, ¿nos podemos apurar?):- Dale hagamos así. Yo llamo al mío que vive a 15 cuadras y me arregló unas cosas hace poco y vos al tuyo que anda por Moreno y te arregló algo hace 7 años. Buenísimo. El que llega primero, gana.

Mientras le decía esto abría mi puerta y ya empezando a entrar a casa le digo que chau y que muchas gracias y que obvio nos hacemos cargo conjuntamente del pago. Mientras tanto él seguía pensando, así como en show motion, y a lo lejos se escuchó un saludo y una puerta que se empezaba a cerrar cuando estaba llegando al baño para hacer un pis.