Hay un momento en que una se cree que la puede con eso del bricolage. Que debe ser una pelotudez, digo si en la tele lo hacen, debe ser fácil. Y además rápido porque en la tele todo es rápido.
Yo no sé si este sentimiento (de “poder” o mejor de insalubridad mental) es producto de la cantidad de horas expuesta a la radiación emitida por Utilísima Satelital que mira Madre o quizá sea el resultado de la contemplación del mismo programa, sólo que conducido por patricia Miccio, que llevábamos adelante mi hermana y yo mientras esperábamos que empezaran los Pitufos y comíamos ensalada de pepino o ají morrón que hizo algo para que mi inconciente me diga: “Dale Andre, dale que vos podés”.
Lo único que sé es que me pude convertir en basurera profesional. Mueble viejo que aparece, mueble viejo que meto en casa con la loca idea de la restauración. Así tengo un placard, un aparador, un coso para poner la tele y no sé qué más en vías de restauración. La cosa es que no puedo restaurar nada….. digo ¿en qué momento se me ocurrió que yo podía restaurar ago, eh? Yo, Andre. Yo que nunca me llevé una materia excepto Dibujo en tercero y Artes Plásticas en quinto. ¡Zeus! ¡Cómo se me cruzó por la cabeza! Yo que soy miembro honoraria del Club de los MPM (Malos para las manualidades)
Igual no pierdo las esperanzas y cada tanto me agarra uno de estos ataques de la vida es un bricolage y paso por la ferretería y compro lija y agua rás; y después voy a la pinturería y pido pintura de color naranja. Y le pregunto a los señores que atienden esos negocios que cómo hago. Entonces los tipos me explican y yo pongo cara de “te estoy prestando atención” mientras pienso en cualquier otra cosa. Pero eso sí, me voy feliz con mis bolsitas a mi casa.
Entonces llega el sábado o el domingo y una vez que terminé de hacer todo, me digo: “Bueno Andre, podrías empezar con el mueblecito ese para la tele que es chiquito”. Sí, empezar siempre puedo. De hecho hace tres meses que me la paso empezando y lo único que logré fue despintar un octavo de la puerta del mueblecito de la tele mientras le grito a Tomasita para que no se coma los pinceles y que deje las espatulitas ahí.
Bitácora de una Solterita que está aprendiendo esto de vivir sola. Or another fucking Minita's blog.
lunes, 19 de octubre de 2009
Art Attack
viernes, 16 de octubre de 2009
No tendré marido, ni novio, ni concu peeeero ….
Entonces yo juro que intento educarla a la cudrúpeda, te lo juro. Trato de que tenga buenos modales, de que no sea excesivamente hinchapelotas, de que aprenda a quedarse afuera, de que no muerda ni sea mala con los nenes ni con los otros perros, de que no le reviente la varice a mi abuela, de que no mate de amor al felino, de que no use mi mano o mi pantalón o mi ropa o mis zapatos o mis muebles o lo que sea de mordillo, de que haga pis y caca en el patio ….. pero bueno todo no se puede. Hay algo que no puedo enseñarle. No me sale, me da cosa, qué sé yo. Es que el animal me puede, no sé.
La cosa es más o menos así. Yo me voy de casa tempranito a cumplir mi horario laboral más que ordinario, un clásico de 9 a 18, y después me quedo por ahí haciendo cualquier cosa, no importa qué. Pero es casi seguro que antes de las 10 de la noche no vuelvo.
Ni bien escucha el ruido de la llave en la cerradura Tomasita empieza a ladrar como loca. Yo me apuro y le abro la puerta del patio. Ahí viene la parte de la fiesta/ dejate de hincharmelosovarios no ves que me lastimás, carajo! Y eso. La acaricio un rato y me pongo el pijama. Preparo la comida para los tres: Mugre, ella y yo. Miro alguna que otra pelotudez o me entretengo con vaya uno a saber qué y se hacen tipo la 1 y nos vamos a dormir. Ella salta a la cama y ya no puedo (ni quiero, seamos sinceras) deshacerme de la can. Entonces la voy corriendo a los pies. Porque bueno una es buena pero no boluda, claro. Una cosa es que des una mano y otra que te tomen el brazo entero. Le acomodo su frazadita a los pies de la parte inutilizada del sommier de dos plazas al pedo porque yo duermo en posición fetal, y nos dormimos.
Al día siguiente a eso de las 6.30 cuando el sol empieza a entrar por la ventana, que no baja del todo porque se trabó y todavía no encontré caballero para hacerme la damisela en apuros, me doy vuelta entreabro un poco los ojos y me encuentro con un hocico que está usurpando mi almohada:
Andre:- ¡Tomasita! ¡Qué hacés acá! ¿No te dije que te quedaras allá abajo, eh? ¿Y qué es esto? ¡Por Zeus! ¡Me estás abrazando! ¡A bra zan do! ¡Sacá la pata de mi cuello, querés! Ay, querida! Cuándo vas a aprender eso de que si hay miseria que no se note!!!! Qué no se note!!!
miércoles, 14 de octubre de 2009
Cuestión de género
El sábado pasado me dirigí a la plaza para ver si estaba el sujeto con labrador, alias Pablo. Decidí sacarme la joggineta y ponerme un jean y una remerita un poco más decente. Obvio que tacos no me puse porque vamos…. Una que no sé caminar bien con ellos y menos en el pasto y otra que … ¡Iba a una plaza! Y como que no da. Sin embargo me acomodé un poco los rulos. Sólo un poco porque había humedad y bueno ya sabemos lo que pasa con el cabello femenino y la humedad. Y para rematar me puse un poquitín de perfume, sólo un touch porque bueno otra vez ¡iba a una plaza, por Zeus!.
De todas maneras puse más énfasis en la preparación de la cuadrúpeda. Antes de salir la bañé y la peiné. Le lavé el collar fucsia y le compré otra correa porque la de Firulais que RIP era azul y yo quería dejar bien en claro que se trataba de una perra con A, de género femenino.
A eso de las 6.30 Tomasita y yo llegamos al lugar. Como que a las 6 en punto no daba porque somos las nenas de esta historia y entonces nos tenemos que hacer esperar y toda esa sarta de lugares comunes en los que caemos en este tipo de situaciones. Miré para un lado y nada, miré para otro y nada y miré para otro más y nada otra vez. Ahí me percaté de que no tenía mis lentecitos rojos puestos porque me quería hacer más la linda que la intelectual …. Pero que en realidad eso representaba más que una razón suficiente… ¡ para no ver nada! “3,75 de miopía no son poca cosa”, pensé mientras me percataba de que no había traído nada más que las llaves y $2 por si a alguien se le ocurría robarme.
Bué, la cosa fue que esperé y esperé. Di como 54 vueltas al perro o mejor a la plaza con la can y nada. Pablo nunca jamás apareció. Ni Pablo ni el sujeto con labrador ni el labrador ni nada.
Algo decepcionada concluí otra vez que a más expectativa más posibilidad de cagarla. Así que agarré a la cuadrúpeda la llevé para casa y decidí que había que curarle su primera pena de amor. Entonces le dije algo así como:
Andre:- Bueno es hora de que vayas sabiendo que los tipos son todos iguales. No es una cosa de especie sino más bien de género.
Tomasita sólo me escuchaba sentada y movía un poco la cola.
Andre:- Pero no te preocupes que yo tengo el remedio justo para esto.
Entonces pasé por casa y agarré un poco más de plata. Terminamos en el super. Dejé a Tomasita atada en la puerta a los gritos pelados. Con mucho esfuerzo logré interponerme a su llanto. Entré al local agarré un pote de helado de dulce de leche, un chocolate, una bolsa de un kilo de pedigree para cachorros y una bandejita de hígado. Llegamos a casa. Nos internamos en el living. Prendí la tele para una maratón non stop de películas boludas pero con final feliz. Me senté en el sillón pote, cuchara y choco en mano. A los pies estaba Tomasita con su enormidad de hígado y unos cuantos puñados del amarronado alimento.
viernes, 9 de octubre de 2009
Cooking Time
Y sí ayer a la noche me tocaba cocinar. Porque todo bien con eso de llenar la heladera de imancitos para pedir comida y todo eso. Pero el exceso de delivery puede ser nocivo para la salud. Salud física, mental, estomacal, gustativa. Porque llega un momento en que todo el delivery, pidas lo que pidas desde empanadas hasta comida china pasando por asado, pastas, parripollo o whatever, empieza a tener el mismo gusto. Sí, gusto a comprado. A comida comprada, nada más lejos de la home made food. Y entonces llega ese instante en que necesitás comer algo hecho “con amor” o bueno, no por dinero al menos.
Igual dentro de todo con la cocina, siempre que no sea por obligación, yo me llevo bastante bien. Hasta hago catarsis y todo. Así que llegué ayer a casa, puse música bien alta, me vestí con esa ropa con la que de ninguna manera salís a la calle (bueno yo por ejemplo a sacar la basura, en una de ésas sí salgo así. Para qué mentirnos) y me dispuse a jugar a Doña Petrona, o Maru Botana (si sos demasiado joven y no sabés quién era Petrona).
Abrí la heladera y encontré tapas de tarta. Vi los huevos. Me acordé que tenía cebolla y queso. Fresco, semi duro, untable … si hay algo que no faltará en mi casa eso es el queso. Listo, no tenía nada más que pensar. La cosa estaba resuelta. Comería tarta de cebolla y queso.
Empecé con el picado de la cebolla, siempre con anteojos para llorar menos, claro. En breve probaré con antiparras, en una de ésas no llorás nada con antiparras. Tomasita como de costumbre perseguía al felino para atraparlo. El felino corría por todos lados y se trepaba donde podía. Y yo cuchillo en mano y a los gritos pelados:
Tomasita! Dejalo en paz! Pobrecito!
Andre:- Ah, no! Pero ¿qué hacés? Cualquiera que te ve pensaría que no te doy de comer. Y eso que te compro de todo…. Que balanceado, que hígado, que arroz, que carne picada …. ¡Muerta de hambre! ¡Eso que parecés una muerta de hambre!
Ahora eso sí, te digo una cosita… yo no seré la femineidad que camina …. Pero ni se te ocurra darle un beso a un perro ahora, querida!
miércoles, 7 de octubre de 2009
Pero .... si te queda diviiiiiiiiiiiiino!
Hay un momento que es ineludible en toda vida de solterita que se precie de tal. Aunque bueno, pensándolo bien no es sólo característica de esta especie la “feminus solterus” sino creo que más bien le pasa a todo el mundo. O al menos también me pasaba a mi cuando vivía en casa de Madre y Padre.
Sí, no estoy hablando de otra cosa que el exacto instante en el que te quedaste sin ropa limpia (o sin ropa planchada en algunos otros casos que claramente no son el mío porque yo NO TE PLANCHO) y entonces no tenés otra que recurrir a lo último “ponible” que existe en tu placard. Sí, estoy hablando de la remerita esa que una sabe que le queda para el orto, pero que bueno es “la única prenda relativamente decente en condiciones de ser vestida”.
Entonces una va y se la pone, en mi caso se trata de una remerita blanca que me queda un poco corta y algo más ajustada que el resto de las prendas que viven en mi ropero, o bueno en las cajas y los bolsos porque armario aún no hay. Así que hoy a la mañana me levanto y descubro que la remera roja que anoche estando en la cama seleccioné mentalmente para ponerme hoy, no sabía en dónde carajo había quedado. Agarré y revolví las cajas y no encontré nada. En eso me doy vuelta y vi las bolsas de ropa sucia entonces entendí todo. No había remera limpia alguna, tendría que usar la blanca. No lo pensé dos veces, porque claro era tarde y no tenía más tiempo. Me la puse y salí.
Ya en el 45 empecé con eso del tironeo hacia abajo de la prenda. No es que me quede de top ni nada, pero yo siento como que le faltara un cacho de tela entonces si me agarro del caño de arriba del bondi me entra la fresca en la panza, cosa que tampoco está buena porque inmediatamente me dan ganas de hacer un pis.
Me bajo del bondi y me miro en cuanta vidriera haya para chequear mi nivel de panza. Igual, sé que me hago trampa. A la mañana temprano la gente casi no tiene panza, o al menos tiene menos. Es un cuestión, física nada más. Casi no comiste nada en unas 10 horas …. Claro que vas a tener menos panza!
Llego a la oficina y me siento un poco incómoda, no te digo un matambre porque el rubro embutidos no es el mío sino el de otra compañera, pero como que me veo andando por ese camino:
Andre:- (Tironeando para abajo) Te parece? No sé a mi no me convence…..
Matambre: - Sí, es linda. Aparte a vos el blanco te queda bien
Andre:- (Ja! ¿Será porque combina tanto con mi piel de muerta que ni se nota dónde el límite que separa mi cuerpo de la maldita prenda?) Ay no sé, no sé. Quizá tendría que estar un poco más bronceada.
Matambre: - No, nena! Si te queda diviiiiiina!
Andre (Pongo cara de “qué estupidez estás diciendo!!”): - No sé, no sé …. Es como que no me siento del todo cómoda. Pero lo único que tenía limpio hoy a la mañana así que bueno, no tuve mucha posibilidad de elegir que digamos.
Matambre:- No, te queda diviiiiiino. Ya te lo dije. Aparte realza tus curvas.
Andre:- (Esto es too much, too much) Esteeee bueno, Gracias? Tengo que subir. No sabés la de trabajo que tengo!
lunes, 5 de octubre de 2009
¿Venís siempre a esta plaza?
La can me condujo como el viento hacia el sujeto con el labrador. El sujeto parecía lindo. Relativamente alto, un 1,80 y pico ponele, morocho, ojitos un poco claros, contextura normal, algunos rulitos, qué sé yo. Vestía un jean, zapatillas y remera roja. Siempre me gustaron los pibes de remera. Soy chica de remeras definitivamente. Las camisas hay que plancharlas y yo no tengo plancha y es el último electrodoméstico que me pienso comprar. Antes están la minipimer, la licuadora, la tostadora, microondas, panificadora, aspiradora, multiprocesadora, y todos aquellos que todavía no sé que me faltan pero que es obvio que se necesitan muchísimo más que una plancha.
Me paré cerca del sujeto y le saqué la correa a Tomasita. Ella corrió hacia el labrador que la triplica o cuadriplica en tamaño y empezó a perseguirlo como persigue a mi felino. Es decir como Pepe L’Amour a la gata negra, hasta que logra atraparlo y lo abrazarlo, sí ella curte la onda “amores que matan” con mi gato. “Bueno, no es exactamente lo que le dije” – pensé. “Mmmmm después de todo cada mujer tiene su estilo. Quizá el de ella sea el ‘acechadora’ Dejémosla ser. No es un estilo con el que comulgue particularmente, pero en fin si da resultado no me opongo”
Ante tamaña expresión de afecto de mi cuadrúpeda hacia el labrador, el sujeto de ojitos un poco claros se me acercó:
Sujeto con labrador:- ¿Pero tu perra siempre es así?
Andre:- ¿Así cómo?
Sujeto con labrador:- Así de afectuosa….
Andre:- Ay! se ve que sí, pero sólo con los perros que le caen bien.
Sujeto con labrador: - ¡Pero qué ternura! Se ve que es verdad eso que dicen de que los perros se parecen a los amos.
Andre:- Ayyyy! (Suspiro mientras hacía caidita de ojos cual damisela en apuros) ¿Vos decís? Para mi ella es un poco …. Cómo decirlo ….. ¿un poco demasiado muy demostrativa?
Sujeto con labrador:- Nahhhh! Está bien. Está bueno que de vez en cuando ustedes también demuestren …..
Andre:- Cri cri cri
Sujeto con labrador: - Bueno, me tengo que ir. ¡Gutiérrez! ¡Gutiérrez! ¿Entonces cuál era el nombre?
Andre:- (Ay! cómo me gustan los perros que tienen apellidos por nombres!) Andre.
Sujeto con labrador: - Ah! Mirá vos qué nombre le fuiste a poner a la perra
Andre:- (Roja, roja, roja) Esteeeee, no. Andre, soy yo. Ella es Tomasita.
Sujeto con labrador:- Jajajajajjaja. Ya lo suponía. Sólo chequeaba. ¡Qué ternura que me dan las chicas que se sonrojan!
Andre:- (Más roja todavía) Esteeeeee
Sujeto con labrador:- Bueno yo soy Pablo. Pero me tengo que ir. ¿Venís siempre a esta plaza, vos? Yo vengo los fines de semana tipo 6, 7… ¡Ojalá nos volvamos a cruzar Srta Roja!- Le puso la correa a Gutiérrez y se fue…..
Andre:- (Aún más roja) Síiiiiiiii, ojalá.
viernes, 2 de octubre de 2009
Igualitas
¡Chan! ¡Qué momento! El cruce de miradas siempre es como mínimo, raro. Yo enseguida me pongo nerviosa y empiezo a actuar como una infradotada. No sé bien cómo comportarme, no sé bien qué hacer, no sé bien cómo moverme, no sé bien cómo nada. Yo me taro y me estupidizo. Y si tenía la suerte de estar caminando derecha así “como si sintieras un hilito que te tira de los hombros”como dijo alguna vez alguna Boluda Total, no sé me transformo en un simio …. O en no sé qué. Me pongo colorada, una torpeza aún mayor de la que me caracteriza usualmente se apodera de mi pobre cuerpecito y lo controla, todo. Convirtiéndome en …. Bueno, en eso que soy.
Andre:- Siempre me gustaron los labradores, le dije a Tomasita ….. A ver si te copás y me llevás elegantemente para el árbol de allá, ese en el que está el perro blanco, ¿ves?- Seguí y le señalé “disimuladamente” con el dedo.
Sí, a esta altura de mi existencia en solitario y ante la necesidad de hablar con algún ser animado yo creo que la perra me escucha. Así como hay gente que le habla a las plantas “para que crezcan más sanas y fuertes” (eh? Pero estamos todos locos?) Yo estoy segura de que la cuadrúpeda además de oírme me entiende. Después de todo las dos somos mujeres, bueno señoritas, bueno nenitas incapaces de controlar el propio cuerpo.
Andre:- Bueno, Tomasita, te voy a explicar un par de cosas, El mundo de los humanos funciona así más o menos como el de los perros. De hecho a algunas mujeres humanas se les dice “perras” y todo. Claramente no es mi caso, porque carezco del manejo del cuerpo necesario para tal mote.
(Normalmente vendría una respuesta o acotación o algo, pero esto es como un monólogo. Es decir una cosa es creer que el animal me escucha y entiende otra muy diferente es pretender que me conteste…. )
Ya sé que vos no tenés mucha experiencia porque claro sólo tenés 3 ó 4 meses. Pero bueno la cosa es más o menos así…. Las féminas, que venimos a ser nosotras aunque no sepamos bien cómo mierda se hace este trabajo, nos “mostramos” delante de los tipos … o machos, bueno en tu caso. Entonces una se pasea, pasa, se hace la boluda adelante del tipo hasta lograr que la mire e inicie una conversación o algo así. Si esto no funciona, bueno siempre le podés preguntar la hora, hablar del clima (aunque te lo desaconsejo a menos que sea una charla en un ascensor), o no sé pisarlo para llamarle la atención… entendiste?
Entonces me miró y movió la cola. Tomó envión y salió corriendo hacia el árbol señalado. Yo sostenía la correa azul que heredó del pobre Firulais que RIP y corría como Forrest Gump atrás de ella. Evidentemente la parte de “elegantemente” que acompañaba al “llevame” no la había entendido del todo bien.